Inopia este Hymetii
Publicado en Yooma Bruxelles
A menos que me digas, en efecto, que crees que Fedro o Zenón mintieron, ambos a quienes escuché mientras nada en verdad me convencía aparte de su diligencia, todas las opiniones de Epicuro me son bien conocidas. Y a ellos, a quienes mencioné, los escuché con frecuencia con nuestro Atico, mientras aquel se asombraba de ambos, y aún amaba a Fedro, y día a día discutíamos entre nosotros lo que escuchábamos, y nunca había controversia sobre lo que entendía, sino sobre lo que aprobaba.
La escasez de este carácter Hymetii.
A menos que me digas, en efecto, que crees que Fedro o Zenón mintieron, ambos a quienes escuché mientras nada en verdad me convencía aparte de su diligencia, todas las opiniones de Epicuro me son bien conocidas. Y a ellos, a quienes mencioné, los escuché con frecuencia con nuestro Atico, mientras aquel se asombraba de ambos, y aún amaba a Fedro, y día a día discutíamos entre nosotros lo que escuchábamos, y nunca había controversia sobre lo que entendía, sino sobre lo que aprobaba.
La escasez de este carácter Hymetii.
A menos que me digas, en efecto, que crees que Fedro o Zenón mintieron, ambos a quienes escuché mientras nada en verdad me convencía aparte de su diligencia, todas las opiniones de Epicuro me son bien conocidas. Y a ellos, a quienes mencioné, los escuché con frecuencia con nuestro Atico, mientras aquel se asombraba de ambos, y aún amaba a Fedro, y día a día discutíamos entre nosotros lo que escuchábamos, y nunca había controversia sobre lo que entendía, sino sobre lo que aprobaba.
La escasez de este carácter Hymetii.
A menos que me digas, en efecto, que crees que Fedro o Zenón mintieron, ambos a quienes escuché mientras nada en verdad me convencía aparte de su diligencia, todas las opiniones de Epicuro me son bien conocidas. Y a ellos, a quienes mencioné, los escuché con frecuencia con nuestro Atico, mientras aquel se asombraba de ambos, y aún amaba a Fedro, y día a día discutíamos entre nosotros lo que escuchábamos, y nunca había controversia sobre lo que entendía, sino sobre lo que aprobaba.
A menos que me digas, en efecto, que crees que Fedro o Zenón mintieron, ambos a quienes escuché mientras nada en verdad me convencía aparte de su diligencia, todas las opiniones de Epicuro me son bien conocidas. Y a ellos, a quienes mencioné, los escuché con frecuencia con nuestro Atico, mientras aquel se asombraba de ambos, y aún amaba a Fedro, y día a día discutíamos entre nosotros lo que escuchábamos, y nunca había controversia sobre lo que entendía, sino sobre lo que aprobaba.